Que tiemble Barry White, llega la nueva música para los embarazos no deseados y ya violencia gratuita, el
Reaggeton. Como melómano lleno de prejuicios, cada vez que llega a mis orejas música de origen latino me pongo a temblar, básicamente por un motivo: son capaces de lo mejor, y también de lo peor.
Hace poco tiempo comenzó a hacerse evidente que la degradación del ser humano había dado un salto cualitativo, se puso de moda el reaggeton. Inocente de mi, me enteré del fenómeno bastante tarde, y más tarde aún supe que ese ruido del
"patun paTÚN, patun paTÚN" tenía hasta nombre y todo. Los medios de comunicación, especialmente muchas casposas emisoras de radio especializadas en música latina lo ponían a todas horas, de todos los tipos, y de todos los colores. Luego pasó a la tele, y simultáneamente se generalizó y sustituyó al, comparativamente hablando
"inocente y santurrón" Hard Core ("járco", para los changas), que reinaba desde hace tiempo entre esos engendritos callejeros, que no estoy seguro si me dan asco o pena (lo que si estoy seguro es que me dan miedo) llamados "hardcoritos", "Yarkis", o "Changas".
Estos pobres chavales, seamos benévolos, adoptan el reaggetón supongo yo por varios motivos. "Quiero tirarme a la quinceañera de turno que se hace la estrecha, que mejor que un sonido que constituye un canto al sexo descerebrado (y de paso, le parto las piernas al novio, que después de todo es lo que recomienda Don Omar)".
Letras absurdas, que entre otras cosas, incitan al pensamiento de
"la policía me persigue porque soy negro", independientemente de que seas nórdico o chino. Cantantes
realmente patéticos (cuando oí por primera vez a Hector y Tito no me podía creer que aquello lo estuviera cantando un hombre). Todo esto, junto con una patada en el culo a todo lo que se ha luchado en igualdad social en los últimos años. La mujer, simbolizada por la guarra de turno que se restriega como una perra en celo con un tipo con pinta de traficante de drogas.
Moraleja de todo esto: las mujeres son unas putas, los hombres deben tener pinta de capo mafioso colombiano, porque si no tengo esa pinta, no follo. ¿Resultados?, salgan a la calle, y juzguen por ustedes mismos.
Y para aderezar la mezcla, la
violencia. Violencia de todos los tipos,
física (en una inocente cancioncita de Don Omar se puede oír el chasquido del martillo de una pistola),
suicida (Daddy Yanki nos recomienda echar mucha gasolina a nuestro coche para conducir como un suicida, que es la mejor forma de tirarnos a la guarra que se contonea en el video clip), y
sexual (dale Don Dale).
Pero todo esto es culpa nuestra, no nos engañemos, nosotros se lo producimos, se lo empaquetamos en los medios de comunicación y se lo vendemos a los chavales. Curioso, el mercado al que se dirige fundamentalmente es marginal, que poderoso es el capitalismo, capaz de vender incluso a quien no tiene para comer, basándose en los únicos recursos a los que pueden aspirar muchas personas, el sexo y la violencia.
Y que conste que
no soy nada conservador.
Y a partir de ahora, vuestro turno para los insultos